Un niño se acerca a su profesora y le dice "¿verdad que me ha salido bien el dibujo?". Otro, cuando es invitado a cantar responde: "es que canto muy mal". Si a un grupo de niños le pedimos "que levanten el dedo aquellos que sean buenos", rápidamente aparece ante nosotros un bosque de manos. Es lo más habitual. Pero tampoco es extraordinario que al pedir que la levanten aquellos que son malos aparezcan una o dos manos.
La realidad |
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Unos niños dicen |
Otros niños dicen |
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El grado de estimación que un niño tiene sobre sus cualidades, capacidades, conocimientos o sobre su persona de manera global, no es algo con lo que se nace sino que se hace. Es el resultado de una serie de factores pasados y presentes, externos e internos sobre los que podemos influir. Todos deseamos que nuestros niños además de saber mucho (leer, escribir, geografía, historia, idiomas, etc.) tengan una buena autoestima.
No se discute su enorme importancia. Tampoco su influencia en la evolución y el futuro de la persona. Las dificultades pueden comenzar al analizar nuestras actuaciones diarias como padres o educadores. Buscamos medidas fáciles y eficaces. Buscamos estrategias para cada caso. Las posibilidades son muchas pensando en niños, jóvenes y adultos. Ahora bien, si nos centramos en el niño de 0 a 6 años e incluso en el de 6 a12 años, la mayoría de ellos guardan relación con el lenguaje.
Los actos de autoestima, alta o baja, suponen pensamientos y frases. También juicios, comparaciones, ideas, criterios y toda una serie de capacidades que un niño pequeño tiene limitadas. Inicialmente su autoestima depende en gran medida de lo que oye, de los que le dicen, de los mensajes repetitivos que recibe. Los recibe y luego se los dice a sí mismo. La repetición de mensajes acaba por hacer propia una valoración.
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MENSAJE |
MENSAJE |
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| Autoestima más alta |
Autoestima más baja |
Atención:
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Además del lenguaje...otros factores que influyen en la autoestima infantil:
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¿Qué podemos hacer? |
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¿Se le puede corregir a un niño?Sí, se le puede y se le debe corregir. La educación de un niño requiere hacerle ver errores. Bien realizado, no sólo no es malo sino que, le sirve para hacerse un "mapa cognitivo" de lo que está bien y de lo que está mal. Las pegas que puede suponer el corregir no están tanto en el hecho de corregirle como en la forma de hacerlo. |
Comencemos señalando que no va a ser fácil. Cuando corregimos es porque algo nos parece mal. Puede que sea la enésima vez que le corregimos. Puede que nos pille en un mal momento. Existen múltiples razones para tener el ánimo alterado cuando hacemos una corrección. Con todo, debemos seguir haciendo esfuerzos porque el objetivo al corregir no es dañar la autoestima sino cambiar un comportamiento incorrecto. El proceso consta de cuatro pasos:
Describir la conducta incorrecta con un lenguaje no valorativo. Ej: "Me has interrumpido cuatro veces"
Dar una razón para el cambio. Ej: "Si me interrumpes no puedo seguir contando el cuento"
Reconocer los sentimientos, criterios o motivos del niño. Ej: "Entiendo que quieras hacer preguntas"
Expresar una formulación clara de lo que se espera de él. Ej: "No vuelvas a interrumpir hasta que termine"
La corrección ya estaría hecha. El proceso, en una situación normal, podría continuar con alguna de las siguientes alternativas según las diferentes circunstancias en que tuviera lugar:
a) No hacer nada más. Se sobreentiende qué va a ocurrir después.
b) Hacer un trato o conceder algún privilegio si lo hace bien.
c) Avisar de la pérdida de beneficios o de una sanción si lo hace mal.
Qué evitar al corregir
Ej: "¡Eres un desastre!", "¡Qué guarro eres!"
Ej: "¡Lo haces todo mal!", "¡Siempre eres tú!"
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© Marcelino Ruiz de Arcaute Martínez (E.S.E.)