La hora de la comida no tiene que ser un problema en sí misma, pero si es una situación en la que se pueden dar multitud de problemas. Uno de los típicos es la negativa a comer de manera ocasional pero en los momentos más inoportunos.
Era el primer día de las vacaciones de verano que la familia iniciaba este año en un pueblo costero del Cantábrico. Todo iba según lo previsto. Bien el hotel. Bien la playa. Buen tiempo. Sólo había un problema. Eran las dos de la tarde y se acercaba la hora de la comida. Los padres empiezan a ponerse nerviosos. Llegan al restaurante. "¡La niña nos va a dar problemas!" Efectivamente, después de consultarle, le traen macarrones. ¡No me gustan, tienen mucha...! Daba igual el motivo. Cada día era uno distinto, pero todos los días había uno para montar el numerito. Ana con sus 4 añitos, era un encanto, en todo y para todo, excepto a la hora de comer.
El padre estaba prevenido y preparado. Se pueden hacer muchas cosas, le había dicho un psicólogo. Todas las pautas pueden ser buenas. En estos casos puedes:
Pero no hay una receta única. La edad del niño, el comportamiento concreto, la intensidad, la frecuencia, la historia, etc., pueden aconsejar hacer cosas muy diferentes.
La opción elegida por el padre, conociendo a su hija, sus reacciones, la historia de relaciones sociales, etc., fue la siguiente. Con toda la tranquilidad de la que fue capaz, le volvió a preguntar: "¿Quieres comer?" "No me gusta" respondió, la niña. "No pasa nada hija. Vamos a salir a la calle y te lo piensas". Cogiditos de la mano buscaron un banco próximo y se sentaron.
El padre trataba de recordar las indicaciones que le habían dado. "CALMA, paciencia, habla despacio y en tono moderado, ninguna amenaza exagerada, fuera los malos modos, ninguna recriminación, aviso de consecuencias como efectos naturales de su acción y ... más calma. Únicamente con la tranquilidad no se tiene el éxito asegurado. Pero sin esa calma se tiene casi todo perdido. Con calma y sentido común la mitad del trabajo está hecho para hoy y para el futuro, que puede ser más importante".
POSIBLES PROBLEMAS EN LAS COMIDAS |
ALGUNAS LÍNEAS CONCRETAS DE ACCIÓN | |
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"Hija, piénsatelo bien. Voy a esperar un ratito y en diez minutos volvemos, porque yo si quiero comer. Si dices que no quieres comer no va a pasar nada. Entramos, te sientas y esperas a que los demás terminemos. Si haces cosas como chillar, levantarte, molestarnos, etc., te castigaré. También estarás de acuerdo en que si no quieres comer es porque no tienes hambre, luego esta tarde no habrá helado, ni chucherías, ni nada similar hasta la hora de la merienda. Si quieres comer entramos y todo irá bien para que haya helados, playa, etc." Le preguntó sólo dos veces más si tenía decidido comer. "Todavía no", contestó la niña. No hubo más charlas, ni explicaciones. Pasados los diez minutos, el padre le indicó que había que entrar y volvió a preguntar. "¿Te has decidido?" Y, la niña respondió que ...
Lo que iba suceder, a continuación, daba igual. Aunque era preferible que comiera, lo importante ya estaba hecho. Se habían marcado las líneas de educación que servirían para el futuro. Si la respuesta fuera:
"No quiero comer". Entonces entrarían en el restaurante. Se sentarían. Ana estaría formal y no comería nada. Se hablaría con normalidad. Se bromearía, si hubiera ocasión. No habría malas caras, no habría más riñas. El trato hacia la niña sería como para una hija muy querida. No se le habría castigado a ella, no se pretendería amargarla. Simplemente, se le dejaría con su elección, que era la de no comer nada hasta la hora de la merienda. Si hiciera comportamientos incorrectos, se tratarían como tales y como se haría aunque hubiera elegido comer.
"Si quiero comer". Entonces entrarían en el restaurante, se felicitaría su decisión. y se comería con normalidad. Si en algún momento quisiera dejar de comer, la opción sería la anterior.
Ana, nuestra niña, en esta ocasión decidió comer.
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Como le había dicho el psicólogo al padre de nuestra historia no hay una receta única. Puede ser válida una actuación y la contraria en dos situaciones distintas. Por ejemplo: un niño bajo en defensas y sin reservas no debe quedarse sin comer; un niño de tres años bien alimentado puede quedarse sin una comida. Si a la multitud de posibles actuaciones le añadimos la cantidad de problemas que pueden surgir en la comida, las posibilidades de actuar pasan a ser poco menos que infinitas según las circunstancias.
Hemos analizado cómo actuar en una situación concreta de una manera concreta. No podemos aquí analizar todas las posibilidades. Sin embargo, si debemos resaltar la importancia de las actitudes ya que de ellas va a depender en gran parte el éxito o el fracaso de una actuación. Por ejemplo, dejarle sin comer con histerismos o dejarle sin comer con una actuación calmada tiene efectos muy distintos.
El problema de las actitudes es que son actitudes, es decir, "que salen sin querer". Son predisposición, tendencia, costumbre de hacer algo de una manera determinada. Si llego al convencimiento de que debo cambiarlas el problema es cómo cambio una actitud. Al no depender directamente de la voluntad debo seguir otros procedimientos.
Elegir la que deseo tener.
Analizar los razonamientos que sustentan las actitudes que tengo.
Trabajar para cambiar las propias formas de pensar.
Empezar a practicar la actitud deseada.
Darnos tiempo a nosotros mismos para ir consiguiendo avances.
Tener constancia en los esfuerzos por cambiar.
Confiar en el éxito propio a medio y largo plazo.
Reconocernos y felicitarnos por los propios éxitos.
Seguir y ... seguir practicando.
© Marcelino Ruiz de Arcaute Martínez (E.S.E.)