"Mi hijo tiene miedo" "¿Qué puedo hacer?" Hay niños que se asustan en las fiestas ante las caretas o disfraces. A veces se agarran al adulto más próximo al ver a un perro correr y brincar. También pueden horrorizarse ante un globo que explota o negarse a estar en los brazos de un extraño. Algunos piden que quites la música de ese cuento o que apagues la TV en una película de dibujos animados. Las situaciones son innumerables. Con demasiada frecuencia el tema preocupa a los padres al ver la angustia del niño y no encontrar una solución eficaz y rápida. Comencemos con una primera recomendación: debemos preocuparnos por el qué hacer pero más aún por el qué no hacer.
Los comportamientos de miedo en los niños son frecuentes y bastante comunes muchos de ellos. De esta realidad podemos sacar dos conclusiones:
A) Al ser tan frecuentes y comunes, se pueden tomar como "normales", por lo que no tengo que presuponer ningún problema específico y grave en mi hijo. Ahora ya me lo puedo tomar con mayor tranquilidad, desangustiarme, dejar de buscar causas y culpables.
B) Por ser tan frecuentes y comunes, todo educador o padre debe tener unos conocimientos, al menos básicos, de como actuar ante los miedos, de cómo prevenirlos y de cómo no agravarlos.
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El miedo es una respuesta normal y natural ante amenazas reales o imaginarias. Decimos que es normal y natural por cuanto la reacción no se aprende, es universal y presenta cambios orgánicos y anímicos comunes en todos los seres humanos. Así los primeros indios de América se asustaban al ver a los españoles con sus armaduras. Los indígenas de Brasil se asustaban al ver las primeras maquinas que entraban en la selva. Los niños se asustan al ver una pelea de perros o gatos. También suelen asustarse al ver sangre por primera vez.
Podemos considerar que los miedos infantiles tienen elementos beneficiosos para su supervivencia ya que preparan al organismo para reaccionar ante una situación vivida como peligrosa. Así la sudoración, el mayor consumo de oxígeno en las células, la tensión de los músculos, la aceleración cardiaca, la mayor rapidez de la respiración, etc., preparan a nuestro organismo para una situación especial. La mayoría de las respuestas del niño consisten en llorar, gritar y agitarse intensamente con lo que llama nuestra atención y él soluciona el conflicto. Si es de noche, está acostado y de repente se enciende una luz intensa, como la de unos fuegos artificiales, gritará, llorará y posiblemente saldrá corriendo en nuestra busca. Si hubiera sido un fuego de verdad esa reacción le podría salvar la vida. Los ejemplos son innumerables y, con frecuencia, las ventajas son evidentes.
Ahora bien, su utilidad no siempre nos tranquiliza. Nuestro problema se incrementa cuando no se calma a los pocos minutos o cuando no se acostumbra a determinados estímulos que son habituales. Es un motivo importante para saber cómo actuar ante los miedos. Hay una segunda razón, no menos importante, para un educador o un padre y que nos lleva a tomar medidas preventivas y de resolución. Hemos dicho que los miedos son naturales y universales. Pero esto no quiere decir que no cambien, que no evolucionen y que no se puedan superar. Como educador debo fomentar la prevención y superación de los miedos, así como el comportamiento prudente ante situaciones peligrosas. El niño no debe tener miedo a las escaleras, pero si ser prudente al bajarlas. Veamos algunas recomendaciones generales.
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ESTÍMULOS TÍPICOS QUE PROVOCAN MIEDO EN LOS NIÑOS
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¿CÓMO PREVENIR?
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APARECE EL MIEDO. ¿QUÉ NO HACER?
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APARECE EL MIEDO. ¿QUÉ HACER?
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